miércoles, 24 de junio de 2020
martes, 1 de diciembre de 2015
El
impacto de Internet en la Educación
La
aparición de Internet, por todos es sabido, que ha producido unos enormes
cambios en los métodos de enseñanza y aprendizaje.
Internet
ha conseguido dejar atrás la educación únicamente memorística, puesto que
gracias a la cantidad de información existente en la red, no es más importante
el retener grandes informaciones en la mente, sino que es primordial el saber
elaborar la información consiguiendo mayores y mejores razonamientos, y por
supuesto, de mayor calidad.
Ya
no es necesario retener una cantidad enorme de información, solo es necesario
comprender los conceptos sobre la dinámica de los procesos en los cuales una
información está encuadrada, ello permite utilizar métodos pedagógicos con los
cuales el alumno puede aprender más y mejor en un sólo año, lo que antes le
costaba tres o más años.
Ahora
los profesores pueden destinar su esfuerzo y el de los alumnos en desarrollar
más las capacidades mentales que posibiliten a los estudiantes poder comprender
adecuadamente la información y con ello poder elaborarla de forma
significativa, pudiendo así producir una calidad superior de razonamiento.
Así
mismo también por medio de la internet nos podemos dar cuenta sobre sucesos que
pasan en todo el mundo de manera instantánea, así como también gracias a la internet,
podemos disfrutar de programación de televisión, descargar música, ver videos
musicales, educativos, también tener acceso a información que antes solamente
podíamos consultar en los libros y que en internet podemos obtener de manera
más completa, esto gracias también a la bibliotecas de manera virtual.
En el ámbito educativo, también ha
sido de gran beneficio ya que gracias a ello los alumnos ahora pueden ampliar
sus conocimientos y con ello obtener mayor información sobre sus temas de manera
clara y precisa.
Internet es toda una revolución: no
sólo en el plano tecnológico, sino también en relación a las implicaciones que
tiene en los diferentes ámbitos que definen o estructuran una sociedad.
Internet puede considerarse una
sociedad orientada a las personas. Permite comunicarse y participar a millones
de personas de todo el mundo. Nos comunicamos enviando y recibiendo correo
electrónico, o estableciendo una conexión con el ordenador de otra persona y
tecleando mensajes de forma interactiva. Es mucho más que una red de
ordenadores o un servicio de información: es una ventana abierta a la
comunicación y a la sociedad. Es el primer foro y biblioteca generales, siempre
abiertos a todo y a todos. Por primera vez en la historia, un número ilimitado
de personas puede comunicarse con facilidad y libertad.
Uno
de los puntos relevantes es el uso de los medios de comunicación. Con el
propósito de formar ciudadanos participativos y democráticos, es vital que
aprendan a manejar los medios de comunicación a fin de evitar que los mismos
lleguen a mediatizarlos manejándolos a su antojo.
La
educación debe ser en los medios y con los medios. Es decir: identificar entre
hechos y opiniones al igual que aprender utilizando los medios. Definitivamente
los distintos medios (prensa escrita, radio, televisión, videojuegos, cine,
Internet y otros) tienen diferentes impactos en la credibilidad del público.
Por este motivo se hace importante que los estudiantes aprendan acerca de las
interioridades de cada uno. Cómo funcionan, los elementos que los componen,
cómo se busca y reproduce la información, los intereses y compromisos de sus
dueños con gobiernos, partidos políticos o grupos de la sociedad. Esto los
acercará a la evaluación crítica de la información con la finalidad de crear
sus propios criterios y opiniones. También educar con los medios los acerca a
esa evaluación crítica y los mantiene al tanto de los cambios y situaciones de
su entorno social. Debemos incorporar a los medios de comunicación en el
proceso de aprendizaje de nuestros estudiantes para permitir así que a la vez
vayan aplicando sus aprendizajes a las situaciones reales que ocurren a su
alrededor. Recordemos siempre que nuestros estudiantes aprenden para la vida
por lo que la aplicación de los contenidos a la realidad de los estudiantes
mejorará las condiciones para un aprendizaje significativo.…
Borrador (2005) Consultar texto
definitivo
El impacto de las nuevas
tecnologías en educación
Francisco Aliaga y Antonio
Bartolomé
Universidad de Valencia
Universidad de Barcelona
1 Introducción
Concebimos las Tecnologías de la
Información y la Comunicación en un sentido amplio y que, basándonos en la
definición planteada por la OCDE en 1998 con otros fines, podríamos definir
como aquellos medios y servicios que permiten recopilar, almacenar y transmitir
información con medios electrónicos. Estas TIC han tenido distintos hitos
históricos en su desarrollo e implantación social, destacando entre los últimos
(aunque ni mucho menos los únicos, como veremos) los acontecidos durante la
denominada “revolución digital”, especialmente los que hacen referencia a la
difusión de los ordenadores personales y, más recientemente, de internet. En
cualquier caso, ha de tenerse presente que la tecnología ha de concebirse más
bien como un continuo que va desde los libros o las pizarras, pasando por la
radio o el video, hasta los elementos informáticos o las aplicaciones de
internet más avanzadas (UNESCO, 2003). Cada uno de estos elementos supone un
avance “técnico” que abre nuevas posibilidades en cada contexto determinado.
Sin embargo hemos de tener presente que, en general, al hablar de “Tecnologías
de la Información y la Comunicación” (TIC) en la escuela nos solemos referir
fundamentalmente a los medios digitales, ya que su capacidad de interacción y
de acceso a enormes cantidades de información han supuesto un nuevo salto
cualitativo.
1.1 Multiplicidad de factores
El título de la este trabajo
podría llevar a pensar que nos situamos en una perspectiva determinista, en la
que la tecnología es la que induce y provoca el cambio educativo, al estilo de
las interpretaciones que denuncia Bustamante (1998) y toda la actual teoría
crítica de la comunicación.. Nada más lejos de la realidad. Por el contrario,
el título se sitúa en una línea completamente opuesta, como se ha manifestado
en otros textos de estos autores: analizamos el impacto específico de las
nuevas tecnologías en Educación puesto que se reconoce que existen otros
factores que también influyen y, por supuesto, también tienen que ser
analizados.
Veamos por ejemplo dos factores
de cambio que están siendo y deben ser objeto de investigación urgentemente
son:
• El concepto de autoridad y la
estructura de la sociedad en relación a un modelo docente (e investigador)
vertical en el que el profesor/educador es el que posee la autoridad y el
conocimiento para dirigir los aprendizajes. Pensemos que en última instancia
esto afecta a los actuales estudios del currículum que en algunos casos no han
percibido este cambio. Este es un tema muy relevante pero en el que no es posible
profundizar aquí.
• El concepto de cultura, modelos
culturales, modelos sociales, en una sociedad multicultural, con todo lo que
implica en la generación de modelos de conducta, en desarrollo ético, etc.
Borrador (2005) Consultar texto
definitivo
2 Tecnologías y cambio educativo
2.1 La necesidad de un análisis
multidimensional
Lo que en este momento deseamos
analizar es cómo el cambio tecnológico está afectando al modo como nos
comunicamos, al modo como accedemos y manipulamos la información, al modo, en
definitiva, cómo “creamos” el conocimiento. Las tecnologías están afectando al
modo como “conocemos” la realidad. En tanto en cuanto tratamos con aprendizajes
en la esfera cognitiva no podemos dejar de analizar este aspecto.
El análisis que realizamos aquí
es limitado en dos sentidos:
• Analizamos los aspectos
cognitivos pero sabemos que existen otros aspectos no cognitivos (emocionales)
y metacognitivos que también deben trabajarse. Por eso en ocasiones haremos
también referencia a estos aspectos aunque siempre desde la perspectiva del
cambio tecnológico.
• Analizamos el cambio
tecnológico reconociendo que existen otros factores (alguno ya indicado) y
reconociendo también que el diseño práctico de la acción educativa debe
integrar todos estos factores.
Pero sería pretencioso que
nosotros pretendiésemos realizar ese análisis global y complejo,
multidisciplinar, con nuestros propios y limitados recursos. Esta es, pues, una
primera conclusión que querríamos señalar: se hace necesario crear equipos
multidisciplinares para avanzar en un análisis multidimensional de la realidad
educativa. Frente a la actual generación de grupos de investigación ceñidos a
áreas de conocimiento o incluso a temáticas dentro de áreas de conocimiento,
hay que crear grupos mixtos, en los que el papel de coordinador no tenga
connotaciones jerárquicas y en el que se integren investigadores potentes
procedentes de diferentes campos de investigación educativa como la metodología
didáctica, la educación emocional, la evaluación, la educación en valores, la
pedagogía diferencial (multicultural y referida a otros factores
diferenciadores), la comunicación, medios y tecnologías en educación, etc. Esto
naturalmente sin menoscabo de la necesidad de un trabajo interuniversitario
dentro de la misma área tanto a nivel nacional como internacional (Aliaga,
1999).
3 Cambios en relación al acceso a
la información
En otros escenarios hemos
analizado tres importantes cambios que afectan al modo como debemos educar,
cambios relacionados con el cambio tecnológico y que nos informan sobre cómo
debemos utilizar esas tecnologías a partir de la propia escala de valores
(Bartolomé, 2000). Dando por conocidos y suficientemente confirmados por el
paso del tiempo los aspectos que allí se trataban, vamos a profundizar en
nuevos aspectos que han ido surgiendo, nuevos problemas y necesidades así como
nuevos planteamientos.
3.1 Crece la información
El aspecto no por conocido más
controlado, es el crecimiento de la información. Este crecimiento es el
resultado de varios factores:
• La existencia de una tecnología
que permite almacenar y, sobre todo, recuperar y gestionar grandes cantidades
de información, lo que puede dar lugar a lo que
Borrador (2005) Consultar texto
definitivo
se ha denominado “infoxicación”,
intoxicación por un exceso no digerible de información.
• El desarrollo de unos sistemas
de comunicación que han permitido a los investigadores alcanzar niveles de
actualización y avance simultáneo inimaginables hace sólo 20 ó 30 años. Un
investigador hoy no necesita viajar y visitar la biblioteca de una universidad
extranjera o sumergirse en las librerías de una capital lejana para acceder al
último título publicado. No necesita que su biblioteca reciba cientos de
revistas para acceder a los últimos artículos en cualquier temática ni necesita
ir a los Congresos para saber lo que se discute en ellos. Recordemos que
existen otros factores que no estamos considerando aquí a favor del hilo del
discurso, factores que siguen haciendo deseable esos desplazamientos y
contactos personales.
Existen otros factores no ligados
a la tecnología:
• La percepción de gobiernos y
empresarios de que la investigación supone un factor de éxito en un mundo
altamente competitivo.
• El nivel de riqueza económica
en ciertos países que facilita la asignación de fondos a necesidades sociales
más allá de la salud o la educación básica.
Ya en la primera ocasión que
tratamos este tema se señalaban dos consecuencias en el campo educativo
(Bartolomé, 1997):
• La necesidad de una permanente
actualización
• La necesidad de diseñar y
utilizar nuevos modos de organizar y acceder a la Información
La primera se traducía en ese
momento en la importancia dada a la formación continuada (“Año europeo de la
formación a lo largo de la vida”) pero hoy tiene otro significado: debemos
aceptar que ningún sistema (Estado, empresa….) puede pagar los gastos de
actualización que está generando el rápido crecimiento de la información. Por
tanto, junto a sistemas de formación continua hay que plantearse para ciertas
situaciones un nuevo modelo de profesional capaz de responder por sí mismo a
esas necesidades de formación y actualización permanente. Y en este momento
descubrimos la importancia que está adquiriendo el desarrollo en nuestros
estudiantes de nuevas competencias en aspectos metacognitivos como la
autorregulación.
El concepto de autorregulación
del aprendizaje no es nuevo y fue trabajado al final de la década de los
ochenta por Zimmerman y otros autores (Zimmerman y Martínez-Pons, 1988). La
autorregulación recibe hoy un nuevo impulso como concepto clave en el diseño
educativo, y para algunos este resurgir de los aspectos metacognitivos está
relacionado con la posibilidad que ofrece la tecnología de potenciar los
ambientes de aprendizaje (Steffens, 2004). La autorregulación no sólo es una
competencia necesaria en una sociedad que requiere de nuevas estrategias de
aprendizaje continuado. También puede convertirse en una estrategia educativa
contra la seducción de los medios (Bembenutty y Karabenick, 2004). Curiosamente
el concepto de autorregulación nos lleva al otro punto que señalábamos en 1997:
una nueva forma de organizar la información. Este aspecto ha sido muy trabajado
por Azevedo <http://www.azevedo-lab.umd.edu/ctl2/Images/research.htm>. Un
trabajo que nos interesa especialmente es
Borrador (2005) Consultar texto
definitivo
su investigación sobre cómo la
habilidad en la autorregulación facilitaba el uso de materiales hipermedia por
los estudiantes (Azevedo y Crownley, 2004).
Una segunda conclusión, así pues,
es potenciar el desarrollo de competencias en el campo de la autorregulación de
los aprendizajes.
Añadamos que este crecimiento de
la información tiene otras importantes consecuencias en relación a nuestra
actividad investigadora. Numerosos autores han resaltado la obsolescencia y
poca adecuación de algunos de los fundamentos de esta actividad como las
publicaciones científicas o los propios índices de escala que se utilizan para
valorar su calidad (Aliaga, 2001).
3.2 Cambia el modo cómo se
codifica la información
Tampoco vamos a detenernos en
este aspecto suficientemente tratado en los dos trabajos citados (Bartolomé,
1997 y 2000). Pero conviene de nuevo insistir. Todavía muchos educadores
perciben que el cambio consiste en algún tipo de insistencia nociva en que se
lea en pantalla en vez de en papel. Este es un tema irrelevante. De hecho
posiblemente volvamos a un soporte parecido al papel en su textura y
presentación, como podría ser el papel electrónico (Bartolomé, 2004). No, el
auténtico cambio no se refiere al soporte sino al modo como se codifica la
información. Y existen hoy dos entornos de codificación muy diferentes:
• El mundo audiovisual
• Internet y el multimedia
Podemos percibir el primero como
el que llega a la mayoría de la población, y el que más influye en la
generación de conductas y valores. Por el contrario el segundo se relaciona más
con el conocimiento, la gestión activa de la información, su acceso es más
limitado y suele identificarse como generador de brechas digitales.
En este necesariamente limitado
análisis vamos a centrarnos en el segundo aspecto. El nuevo modo de codificar
la información permite su distribución sin restricciones así como también
facilita el acceso a la misma. Durante siglos se ha recurrido a diferentes
estrategias para el control de la difusión de la información, estrategias que
incluían las listas (el Índice de libros prohibidos), el fuego (desde la
Biblioteca de Alejandría a Hitler), la eliminación física de los escritores (caso
Salman Rushdie)… Hoy con Internet la mayoría de estos sistemas han quedado
inutilizados. Algunos tecnofóbicos como Dominique Volton han llegado a proponer
ideas tan jugosas como “un control centralizado de información mundial a cargo
de periodistas, que responda de la veracidad de toda esa información” (Amela,
2001). La cuestión, evidentemente, es volver a la vieja pregunta: ¿cuál es la
verdad?.
La obsesión por limitar y
controlar el acceso a Internet es hoy un tema omnipresente. De las
restricciones directas en países como China, Corea o Irán a las leyes que
limitan la libre circulación de materiales en países como Estados Unidos o
Alemania (Bjorn, M. y Yue Chen, Y., 1996), pasando por las propuestas de Volton
o los filtros parentales.
No se trata de negar que en
Internet exista mucha pornografía “cognitiva” como decía Fernando Etchegaray,
un profesor de la PUCC. Se trata de reconocer que esa información, plagada de
errores y carente de fundamentación está conviviendo con otra información
rigurosamente trabajada y que nos permite avanzar en nuestro
Borrador (2005) Consultar texto
definitivo
conocimiento del mundo. Y con
esto llegamos a una tercera conclusión: debemos desarrollar en nuestro
estudiantes habilidades y criterios para buscar, valorar, seleccionar,
interpretar e integrar la ingente cantidad de información contenida en
Internet. Recurrir a filtros o acciones coercitivas no es sino un mal remedio
temporal.
Tras comentar la facilitación al
acceso de la información, y siempre dando por sentado los aspectos comentados
en otras ocasiones, vamos a fijarnos en los problemas que están generando entre
quienes efectivamente están haciendo uso de ese gran espacio hipertextual
(hipermedial) informativo que es Internet.
Tras una primera etapa en la que
los usuarios se asombran por la facilidad con la que se encuentra cualquier
información, sigue una etapa de estrés en la que el usuario maneja cada vez más
y más información pero simultáneamente adquiere la conciencia de que sólo ha
accedido a una pequeña parte. En este texto, que se prepara en el marco de un
congreso tradicional, es posible presentar un tema y añadir una o un par de
citas que lo justifiquen. Pero en realidad cualquier idea podría ser analizada
y matizada hasta el infinito recurriendo a referencias hasta el punto que hoy
el problema de escribir un texto documentado no es tanto qué poner sino qué no
incluir.
Las competencias a las que hemos
hecho referencia antes son, pues, necesarias para navegar por este mar de
información sin caer agobiados por el exceso de información, “infoxicados”. Sin
embargo existe una etapa más, cuando el usuario ha adquirido un cierto dominio
sobre el medio: la cantidad de información obliga a una lectura rápida, lectura
que puede caer en un acceso superficial a la información. Esto se traslada a
todos los ámbitos de la comunicación: mensajes de correo de los que sólo se
leen los primeros párrafos, documentos que se comienzan a leer pero no se
terminan del todo sino que, cuando se considera que se posee una idea clara de
lo que el autor quería transmitir, se dejan. Los autores contribuyen con textos
lineales, excesivamente largos, insuficientemente estructurados. La necesidad
de textos directos, altamente estructurados, hipervinculados, está siendo
analizada por diversos autores. Pero la organización de la información hoy
excede estos planteamientos: el diseño de un hipertexto responde a complejas
reglas matemáticas que permiten al usuario navegar por la información con ayuda
de la máquina. Creo que la forma más sencilla para entender a lo que nos
referimos es visitar la versión web del texto de Gloor y Ot. (1996).
Se trata, pues, de una cuarta
conclusión: la necesidad de desarrollar competencias (comenzando por nosotros
mismos) para un nuevo modo de elaborar los documentos, más allá del texto
lineal, más allá del texto estructurado, mediante sistemas complejos de
construcción de ideas y conocimiento, con ayuda de máquinas. Seguramente el
dominio de estas tecnologías (todavía inaccesibles para la mayoría de
académicos) genere nuevos problemas pero eso será objeto de estudio dentro de
10 años.
3.3 Cambia el modo como se accede
a la información
En 1997 señalaba que el acceso a
la información se caracterizaba por la participación y por el carácter
divertido. Este segundo aspecto causa generalmente reticencias entre los
académicos, quizás porque el término es el más adecuado. Joan Ferrés ha
trabajado a fondo este tema bajo la expresión “cultura del espectáculo”:
"Por primera vez en la historia de la humanidad puede afirmarse que
vivimos en una cultura del espectáculo. No sólo porque las tecnologías de la
comunicación audiovisual ponen a disposición de los ciudadanos toda clase de
espectáculos a todas las horas del día. También porque acaban por convertir en
espectáculo todas las realidades a las que se aproximan, desde
Borrador (2005) Consultar texto
definitivo
la política, con sus shows
electorales, hasta la religión, con sus iglesias electrónicas..." (Ferrés
y Bartolomé, 1997). Aquí “espectáculo” incluye tanto las ideas de diversión
como de participación.
En realidad ésta no es una idea
nueva en Educación. Es conocida la vieja máxima “enseñar deleitando” seguida
por nuestra mejor literatura y de orígenes latinos. Y respecto a la
participación, toda la tradición del siglo XX de la escuela nueva de Freinet y
otros muchos autores, hoy quizás tapada por el peso de una influencia
psicologista de origen anglosajón. En última instancia nos podríamos remitir a
la mayéutica de Sócrates, método en el que el aprendizaje se produce a través
de la participación del sujeto en un diálogo conducido por el maestro.
Con toda esta tradición lo que
resulta realmente sorprendente es que todavía se haga uso del llamado “método
magistral” como soporte del aprendizaje. La explicación la encontramos si
analizamos precisamente el modo como se producía la comunicación. El carácter
vertical, de arriba abajo, de la comunicación ha sido la base de la generación
del conocimiento humano durante siglos: desde una interpretación literalmente
física del concepto como la que se aplicaba en el púlpito, a la comúnmente
aceptada en el concepto implícito de “autoridad” que subyace a la actual
estructura formal de los artículos científicos. En medio tenemos la prensa o la
televisión. La escuela no hacía sino reproducir el modelo comunicativo
dominante, y esto a pesar de conocer otros medios.
Lo que caracterizaba la
comunicación hasta ahora era la existencia de unos pocos centros emisores
dirigidos a muchos receptores. Lo que ahora sucede es que todos se vuelven
emisores. Podemos decir que hay más gente interesada en decir algo en Internet
que gente interesada en leerlo. Lo curioso del caso es que cada vez más
usuarios de Internet se decantan por estas fuentes de información alternativas
y horizontales de las que los weblogs se han convertido en el paradigma. La
multiplicidad de fuentes “oficiales” hace que la mayoría de la población siga
accediendo a la información a través de la prensa y la televisión o la radio
tradicionales. Sin embargo no son conscientes que una parte importante de las
noticias que reciben de esos medios no han seguido los cauces “tradicionales”
sino que precisamente vienen vía páginas webs o blogs particulares.
Esto no es una visión optimista
sobre la bondad de los nuevos canales de información. Lo que deseamos resaltar
es que nuestros estudiantes ya no están acostumbrados a ir cada semana a la
Iglesia a escuchar en silencio al predicador, o escuchar en la mesa los
consejos del padre o la madre. Nuestros estudiantes, cuando necesitan
información, la preguntan en un foro de Internet y nos asombraríamos si
llegásemos a vislumbrar toda la información (errónea o no) que los jóvenes de
hoy adquieren a través de estos foros. Estos jóvenes no están dispuestos a
venir a la escuela a sentarse a escuchar. ¿Podemos suponer que éste es un
factor más que influye en la actual problemática generada en la Educación
Secundaria? Quizás debamos compartir el pensamiento de Marc Prensky cuando
dice: “Me divierte ver como en todo la excitación y debate de estos días sobre
el declive de la educación en los Estados Unidos ignoremos la causa más
importante: Nuestros estudiantes han cambiado radicalmente. Los estudiantes de
hoy ya no son el tipo de gente para el que nuestro sistema educativo fue diseñado”
(Prensky, 2001).
En una revisión de lo que se
decía sobre el tema, hemos encontrado una interesante experiencia al aplicar el
método KBUD (conocimiento bajo demanda del usuario) en la Universidad de
Halmstad, Suecia. Lo interesante de esta experiencia es que en la
Borrador (2005) Consultar texto
definitivo
fundamentación teórica del modelo
recoge las ideas de la necesidad de aprendizaje a lo largo de la vida (“el
modelo diseña sus ideas desde la noción de que aprender es un proceso a lo
largo de toda la vida”), aprendizaje autorregulado (mediante una “continua
autorreflexión”), aprender de un modo divertido (“Edutainment”) y participación
(“un nuevo enfoque que acentúe en los estudiantes la conciencia de su papel en
el proceso de aprendizaje”). Y como telón de fondo, la conciencia del rápido
cambio social. (Svane y Ot. 2001).
Y con esto llegamos a un quinta
conclusión: el impacto de las nuevas tecnologías en educación no hacen
referencia a aspectos superficiales sino que inciden sobre aspectos fundamentales
de nuestro diseño educativo y nos deben llevar a explorar nuevos métodos
docentes en los que, sobre la base de siglos de conocimiento educativo,
respondamos a los cambios que la tecnología está provocando en nosotros y en
nuestros estudiantes.
4 Promesas y realidades de las
TIC
Durante la última década del
siglo XX y la primera del XXI se han manifestado unas expectativas muy
positivas sobre las posibilidades de las TIC en Educación. Afirmaciones que
podríamos denominar como de “optimismo ingenuo” aparecen en diversos informes
internacionales sobre el desarrollo e impacto que habrán de significar la
implantación de diversas tecnologías, especialmente los ordenadores, sobre la
educación:
• Los ordenadores son “el nuevo
fundamento”(the new basic) de la educación americana e Internet es como “la
pizarra del futuro” (U.S. Department of Education, 1996, p. 3).
• El uso de la tecnología debe
mantenerse como una prioridad nacional. Debe estar en el núcleo de la
experiencia educativa. (U.S. Department of Education, 2000, p. 7).
• El aprendizaje electrónico
tiene el potencial para ayudar a la Unión [Europea] a dar respuesta a los retos
de la sociedad del conocimiento, mejorar la calidad de aprendizaje, satisfacer
necesidades especiales y permitir un aprendizaje y una formación más eficaces”
(UE, 2003).
• [La UNESCO] pretende llamar la
atención de una amplia audiencia sobre el potencial de las TIC para difundir y
mejorar la enseñanza y el aprendizaje en una amplia variedad de contextos
(UNESCO, 2003, p. 12).
• En los pasados veinte años, la
tecnología educativa ha sido el principal foco de la reforma y de la política
tanto a nivel federal como estatal y local”(NCES, 2000, p. 1).
• Las TICs se encuentran en el
corazón de todas las políticas nacionales. La totalidad de los países europeos
incluyen en sus textos oficiales su desarrollo e integración (CIDE, 2002).
• Podemos divisar un futuro en el
que Internet y otras tecnologías de la información tengan el potencial de
promover unas mejoras incluso más impresionantes en educación (U.S. Department
of Education, 2000, p. 11).
Borrador (2005) Consultar texto
definitivo
Como podemos suponer, este
énfasis en la tecnología se ha traducido enormes inversiones en la mayoría de
los países. Los políticos, atentos a las demandas sociales (o según otros
puntos de vista, apuntándose a las corrientes que tienen buena prensa) hacen proyectos
y propuestas, acompañadas en general de un gran acompañamiento mediático. Hay
una especie de subasta para ver quien realiza una propuesta más vanguardista
para llevar esos elementos tecnológicos, fundamentalmente los ordenadores, a
las aulas. Son muchos los casos que podríamos analizar en los que se produce
este fenómeno (eLearning en la Unión Europea, National Educational Technology
Plan de EEUU, eJapan Priority Programme, etc.), pero vamos a centrarnos en uno
que, por su naturaleza, está llamado a tener una gran influencia durante los
próximos años en sobre el sistema educativo de nuestro país: en las últimas
elecciones generales realizadas en nuestro país, hace poco más de un año, la
propuesta en este sentido planteada en su programa electoral por el partido que
resultó vencedor decía:
"Dotar a todos los centros
de Primaria y Secundaria de los ordenadores necesarios para la informatización
progresiva de todas las aulas. Un ordenador por cada dos alumnos, con conexión
gratuita a Internet, a partir de primero de ESO" (PSOE, 2004).
Esta propuesta en concreto fue
presentada como un objetivo para adaptarse a "las exigencias formativas
generadas por la sociedad de la información y la comunicación". Se trata
de una propuesta que, lejos de provocar polémica alguna, fue acogida con cierto
asentimiento, una cierta aceptación de lo que es el signo de los tiempos, y que
lo único que habría que plantearse es el ritmo de implantación de los
ordenadores, más que el proceso en sí.
sábado, 28 de noviembre de 2015
Impacto de internet en la educación
La
aparición de Internet impacta en esta situación. Ocasionará profundos cambios
en los métodos de enseñanza – aprendizaje y en los objetivos educativos. Le
produce un gran golpe a la educación memorística.
El
principal valor agregado, la principal diferencia, entre unos alumnos y otros,
entre unos profesionales y otros, ya no estará dada por quien tiene más
información sino por quienes tendrán la capacidad de interpretar mejor la
información y elaborarla más creativamente, produciendo un razonamiento de
mejor calidad.
Internet
posibilita, por primera vez en la historia de la educación, que la mente quede
liberada de tener que retener una cantidad enorme de información; sólo es
necesario comprender los conceptos sobre la dinámica de los procesos en los
cuales una información esta encuadrada, ello permite utilizar métodos
pedagógicos con los cuales el alumno puede aprender más y mejor en un año lo
que le requería tres.
Ahora
los docentes pueden destinar su esfuerzo y el de los alumnos en desarrollar más
las capacidades mentales que les posibiliten a los estudiantes poder
“comprender adecuadamente” la información y “elaborarla creativamente”,
pudiendo así producir una calidad superior de razonamiento.
Evaluaciones
sobre la calidad educativa de los alumnos que egresan de la escuela media han
demostrado que la mayoría no comprenden bien lo que leen y tienen serias
deficiencias en poder razonar eficientemente.
Es
importante resaltar que si a los alumnos que terminan la escuela media, en
instituciones educativas en las cuales predomina la educación memorística, se
les interroga sobre la información que con tanto esfuerzo memorizaron en los
anteriores 12 años de “estudio”, se comprobará que en la mayoría de los casos
se les olvidó en un porcentaje superior al 90 %, esto permite afirmar que la
educación memorística también fracasa en lograr su objetivo, además de
perjudicar el desarrollo del pensamiento creativo en los alumnos.
Las
personas que no estén capacitadas para elaborar con eficiencia, creativamente,
la cuantiosa y variada información que pueden obtener en Internet, no podrán
utilizar en forma óptima este extraordinario instrumento, verán empobrecido el
proceso de convertir la información en conocimiento. En su desempeño laboral el
nivel de ignorancia que ello produce permite hablar de un tipo de analfabeto
que será cada vez más rechazado en los ámbitos laborales.
Respecto
de la enseñanza formal, Internet puede ser útil de tres maneras:
a –
Como apoyo a la enseñanza tradicional.
b –
Como complemento a ella.
c –
Como sustituto de esa enseñanza escolarizada o presencial.
La
primera vertiente es la más utilizada. A Internet, especialmente en los países
de mayor desarrollo económico y por lo tanto con más recursos informáticos, se
le emplea fundamentalmente como una nueva biblioteca. Los alumnos, en el salón
de clases, en sus casas o en las bibliotecas tradicionales, obtienen en línea,
información que antes buscaban en los libros de papel y tinta. Museos
virtuales, libros digitalizados y especialmente información periodística, son
fuentes de investigación para los estudiantes.
En
ese tipo de indagaciones, suele haber una limitación: la información que se
solicita en un motor de búsqueda es tan específica, o especializada, que los
alumnos no pasan por la experiencia que significa hojear un libro de papel y
tinta, página por página.
Internet
como complemento de la enseñanza que se obtiene en la escuela, permite una
actualización constante de conocimientos en las más variadas especialidades. Un
arquitecto, un médico o un agrónomo, podrán hallar en la red sitios en los que
no sólo aparecen las novedades científicas y técnicas de cada disciplina, sino
en los que además es posible intercambiar experiencias con otros profesionales
en diversos sitios del mundo. Internet, abierta a todas las vertientes del
conocimiento, propicia el intercambio interdisciplinario. Pero además, facilita
la especialización del conocimiento.
La
tercera vertiente es la más seductora, a la vez que la más discutida.
Hay
quienes consideran que ya, o pronto, es o será posible que la educación a
distancia, a través de la Internet, sustituya a la educación presencial (es
decir, impartida por el profesor delante de sus estudiantes). Las nuevas
tecnologías, se dice, incluso permiten la propagación a mayor número de alumnos
de una cátedra que en otras circunstancias seria recibida por unas cuantas
decenas.
Indudablemente,
estas tecnologías permiten difundir de manera más extensa conocimientos que
antes quedaban encerrados tras los muros de las escuelas, o las universidades.
El problema central radica en las posibilidades reales no sólo de Internet,
sino de la educación a distancia.
Esa
educación a distancia, ¿les sirve a todos los estudiantes, o sólo es útil en el
caso de los adultos? Los pedagogos y especialistas en temas educativos, suelen
tener opiniones muy variadas a ese respecto. Hay quienes consideran que la
educación a distancia sólo funciona con estudiantes con tal madurez, que no
requieran de la disciplina que impone la presencia personal del docente. Otros,
al contrario, sostienen que lo fundamental en el proceso de
enseñanza-aprendizaje es el conocimiento que se va a transmitir, no los
mecanismos para ello.
Esa
es una experiencia discutida y discutible. Hay que subrayar la importancia que
tiene la presencia del profesor, aunque sea como vínculo entre el alumno y la
transmisión de conocimientos a distancia.
¿Es
posible sustituir al profesor? Al parecer, no en la enseñanza básica y media y
no para alumnos que no hayan pasado la adolescencia. Las nuevas tecnologías de
comunicación y especialmente Internet, pueden servir como apoyo al aprendizaje
en todos los niveles pero hasta ahora no parece que puedan relevar al maestro.
En
otros escalones del sistema educativo, especialmente en la enseñanza
universitaria, Internet puede servir para la propagación de conocimientos muy
específicos. Sin embargo, hay disciplinas en las que parece indispensable el
aprendizaje “in situ”, o con equipo técnico cuyo manejo no se puede aprender a distancia.
Es inimaginable la enseñanza de la odontología a distancia, porque es imposible
aprender a sacar una muela si no es con un paciente y con el instrumental real.
BIBLIOGRAFÍA
http://blogsdelagente.com/sociologia-educativa/2010/06/13/impacto-de-internet-en-la-educacion/
Internet y educación
por Neil Selwyn
La naturaleza
participativa y comunitaria de muchas de las aplicaciones y actividades
sociales de internet está en consonancia con las características fundamentales
del aprendizaje humano, en concreto, crear, compartir, colaborar y analizar.
Como en otros aspectos de la actividad
digital, la educación ahora se plantea como algo susceptible de ser
reprogramado, modificado y hackeado para satisfacer mejor las necesidades de
cada individuo.
Introducción
En muchos sentidos,
resulta difícil abordar cualquier aspecto de la sociedad contemporánea sin
tomar en consideración internet. Las vidas de muchas personas están tan
completamente saturadas de tecnología digital que la distinción, en su día
evidente, entre online y offline ya no hace justicia a una situación en la que
internet está por definición siempre on. De hecho, a menudo observamos que las
jóvenes generaciones son incapaces de hablar de internet como una entidad
diferenciada. La actividad online forma parte de sus vidas desde que nacen y
por eso la consideran un requisito básico de la vida moderna, casi tanto como
el oxígeno, el agua o la electricidad. Tal y como lo expresó Donald Tapscott
(2009: 20), «para ellos, la tecnología es como el aire». Así pues, hablar de
internet y educación en estos días casi siempre significa sencillamente hablar
de educación contemporánea. Internet ya es un elemento integral de la educación
en las naciones (super)desarrolladas y podemos asegurar con toda certeza que su
importancia en dicho ámbito seguirá creciendo en todo el mundo a lo largo de
esta década.
Dicho esto, el
impacto de internet sobre la educación no es directo. Para empezar es
importante recordar que más de la mitad de la población mundial no tiene
ninguna clase de experiencia directa en el uso de internet. Y, aunque es
posible que esto cambie con la expansión global de la telefonía móvil, el
problema de la desigualdad de acceso a las formas más potentes y versátiles de usar
internet sigue siendo motivo de preocupación. Además, como sugiere el hecho de
que sigan prevaleciendo los modelos formativos tradicionales basados en la
instrucción en el aula y los exámenes con lápiz y papel, los cambios educativos
experimentados en la era de internet son complejos y a menudo están poco
afianzados. Al abordar el tema de internet y educación hemos de proceder con
cautela. Por tanto este artículo analizará las siguientes cuestiones:
¿Qué implicaciones puede tener internet de
cara a la educación y el aprendizaje?
¿Cuáles son las principales modalidades de
educación por internet surgidas en los últimos 20 años?
¿Qué relación se observa entre el
potencial educativo de internet y su uso real?
Y lo más importante: ¿cómo debemos
interpretar las posibles ventajas y desventajas de lo que se anuncia?
Inernet como
herramienta educativa
Para muchos
analistas, internet siempre ha sido una herramienta intrínsecamente educativa.
De hecho, muchos afirmarían que las características principales de internet
coinciden en gran medida con los intereses centrales de la educación. Por
ejemplo, tanto internet como la educación tienen por objeto el intercambio de
información, la comunicación y la creación de conocimiento.
La naturaleza participativa
y comunitaria de muchas de las aplicaciones y actividades sociales de internet
está en consonancia con las características fundamentales del aprendizaje
humano, en concreto, crear, compartir, colaborar y analizar.
Así pues, vista la
capacidad de internet para hacer posible que estas actividades se lleven a cabo
a una escala enorme y de modo casi instantáneo, a menudo —y esto es
comprensible—, las repercusiones educativas de internet suelen describirse con
grandilocuencia. Veamos, por ejemplo, la reciente afirmación de Jeb Bush:
Internet no es solo
una poderosa herramienta para la comunicación. Podría decirse que es la fuerza
de aprendizaje e innovación más potente desde la invención de la imprenta. Y el
elemento central de lo que probablemente represente la lucha más encarnizada y
a la vez la mayor oportunidad para Estados Unidos, que es definir la educación
para una era de transformación.
(Bush y Dawson, 2013)
Exageraciones aparte,
las repercusiones de internet en la educación y el aprendizaje pueden considerarse
al menos desde cuatro ángulos diferentes. Primero tenemos el potencial que
brinda a los individuos para aprender con más libertad, sin las ataduras y
restricciones del mundo real. Lo que se quiere decir con ello generalmente es
que internet reduce las limitaciones locales, espaciales, temporales y
geográficas para que los individuos puedan tener acceso a oportunidades de
aprendizaje y a medios educativos de alta calidad, con independencia de sus
circunstancias particulares. Así pues, internet sería ese medio que permite
proporcionar educación en «cualquier momento, en cualquier lugar y a cualquier
ritmo». Hay analistas que han ampliado estas libertades para incluir la
superación de impedimentos sociales y materiales, concibiendo así internet como
un medio esencialmente democrático. La capacidad de dar soporte a interacciones
y experiencias educativas «más libres» y «más justas» se considera un reflejo
de las cualidades inherentes de internet en tanto «zona radicalmente
democrática de conectividad infinita» (Murphy 2012: 122).
Segundo, internet es
visto como el soporte de una «nueva cultura del aprendizaje» que se basará en
los principios «ascendentes» de exploración colectiva, juego e innovación, y no
en la instrucción individualizada «descendente». (Thomas y Seely-Brown, 2011).
Internet hace posible un aprendizaje de muchos a muchos, en lugar de uno a
muchos, lo que fomentaría modalidades de aprendizaje y desarrollo cognitivo
socioconstructivistas de naturaleza profundamente social y cultural. Algunos
pedagogos opinan que el estudiante se beneficia de los entornos socialmente
ricos que hace posible internet (Luckin, 2010). Por ejemplo, se suele afirmar
que internet ofrece a los individuos fácil acceso a fuentes de conocimiento
teórico y práctico fuera de su entorno inmediato. En este sentido, existe en la
actualidad un interés considerable por la capacidad de internet para dar
soporte a potentes formas de aprendizaje situado y comunidades de práctica
digitalmente dispersas. Así, internet se considera una poderosa herramienta que
permite el aprendizaje a través de actividades auténticas y de la interacción
entre personas y entornos sociales más amplios.
Tercero, existe la
sensación de que la capacidad de internet para fomentar una conectividad a gran
escala entre personas e información ha alterado radicalmente la relación de los
individuos con el conocimiento. En ocasiones se argumenta que internet favorece
formas de creación y consumo de conocimientos que se alejan mucho de las
premisas epistemológicas de la enseñanza formal y la instrucción de masas. Las
relaciones en red que mantienen los usuarios de internet con la información
online han provocado una reevaluación de la naturaleza del proceso de
aprendizaje en su conjunto. Ya hay especialistas que empiezan a difundir
conceptos como «inteligencia fluida» y «conectivismo», en la convicción de que
el aprendizaje por internet está supeditado a la capacidad de acceder y
utilizar información distribuida a medida que se necesita. Desde esta
perspectiva, el aprendizaje se entiende como la capacidad de conectarse a nodos
y fuentes de información especializada cuando y como se necesite. Por tanto, se
poseen conocimientos o no en virtud de la capacidad de alimentar y mantener
estas conexiones (Chatti y Quix, 2010). Como dice George Siemens (2004), el
aprendizaje, por tanto, se puede interpretar como la «capacidad de saber más» a
través de internet y no como la previa acumulación de conocimiento del
individuo en relación con «lo que se sabe en la actualidad».
Cuarto, se considera
que internet ha personalizado de forma radical el modo en que la gente aprende,
de ahí que la educación se convierta en un proceso bastante más individualizado
que antes. Internet se asocia con una autonomía y un control social mayores al ofrecer
a los individuos más posibilidades de elección en cuanto a la forma y la
naturaleza de lo que aprenden, además de dónde, cuándo y cómo lo hacen. Así, la
educación se convierte en un aspecto de la vida que el individuo puede
controlar por completo, ya que internet facilita un «intercambio digital» que
permite simultanear la actividad educativa con otras ocupaciones y deberes
cotidianos (Subrahmanyam y Šmahel, 2011). De hecho, a los usuarios de internet
suele atribuírseles una gran capacidad para organizarse y ocuparse
personalmente de su propia formación sin necesidad de amoldarse a las normas y
expectativas de un sistema educativo.
Las repercusiones de internet
en la educación
Todos estos cambios
de rumbo y reordenaciones sin duda ponen en cuestión las formas de educación
tradicionales, que se fueron imponiendo a lo largo de los siglos XIX y XX, en
concreto los modelos institucionalizados y formales de escolarización y
universidad. Para muchos expertos, por tanto, internet desafía el monopolio de
los sistemas de educación públicos y el entramado de intereses de los
profesionales que trabajan en él. Así, tal y como hemos visto ya, parecería que
internet desafía las fronteras que establece la educación oficial entre
expertos y neófitos, los procesos de producción y consumo de conocimiento, y
también las convenciones temporales y espaciales para el aprendizaje. En cuanto
al ejercicio de la enseñanza en sí, en internet va asociado a una serie de
prácticas de aprendizaje radicalmente diferentes y de relaciones sociales
distintas.
En efecto, internet
ha suscitado un debate y una preocupación continuados en el seno de la
comunidad educativa. Por un lado, un conjunto de pedagogos se ha impuesto a la
tarea de repensar y reconfigurar las nociones de escuela y universidad de
manera que den respuesta a las exigencias la era de internet. Durante la década
pasada se han formulado varias propuestas de desarrollo de instituciones
educativas que estén en mayor sintonía con las características que definen a
unos alumnos internautas y un aprendizaje online. Como afirman Collins y
Halverson (2009: 129), la tarea de reinventar escuelas y universidades para la
era de internet no solo exige «reconsiderar lo que es importante aprender»,
sino también «repensar el aprendizaje mismo». Así, hemos presenciado el
desarrollo de modalidades de enseñanza construidas en torno a la creación
colectiva (en lugar del consumo individual) de conocimientos con el objeto de
dotar al aprendizaje de sentido lúdico, expresión, reflexión y afán explorador.
En los últimos 10 años se ha producido una eclosión de ideas de educadores
entusiastas que proponen desarrollar nuevos enfoques pedagógicos y currículos
basados en la interacción social, la exploración, los juegos y la
creatividad/práctica. Todas estas propuestas de escuela 2.0reflejan lo que
Whitby (2013: 9-11) describe como «nuevos modelos» de enseñanza «abiertos al
aprendizaje y al dominio de las tecnologías».
Sin embargo, frente a
estas propuestas de reforma escolar ha surgido un movimiento que vincula
internet con formas más radicales de desinstitucionalización de la enseñanza.
Estos argumentos desescolarizadores han alcanzado popularidad entre grupos
ajenos a la enseñanza oficial tradicional y consideran que internet acabará
haciendo redundantes las propias instituciones educativas. Algunos de sus
conceptos clave son «autodeterminación», «autoorganización», «autorregulación»
y (en una vuelta de tuerca del «hazlo tú mismo») la idea de «hagámoslo nosotros
mismos». Todas estas ideas vinculan internet con un rechazo general a la
educación institucionalizada, sobre todo a lo que desde hace tiempo se describe
como obsoleto modelo bancario de acumulación de contenidos de conocimiento. En
su lugar, la educación basada en internet se concibe en el marco de la
discusión libre, el debate abierto, el cuestionamiento radical, la
experimentación continua y el saber compartido.
Como en otros
aspectos de la actividad digital, la educación ahora se plantea como algo
susceptible de ser reprogramado, modificado y hackeado para satisfacer mejor
las necesidades de cada individuo.
Así lo razona Dale
Stephens (2013: 9):
Los sistemas y las
instituciones que vemos a nuestro alrededor, en las escuelas, las universidades
y el trabajo, están siendo sistemáticamente desmantelados. Si alguien desea
aprender las habilidades necesarias para navegar por el mundo, con todo su
ajetreo, su conectividad y su creatividad, tendrá que hackearse su propia
educación.
Son todas ellas
propuestas muy discutibles, aunque también muy tentadoras. Se trata de
argumentos que, estemos o no de acuerdo con ellos, recalcan el reto fundamental
que supone internet para el que, durante los últimos 100 años aproximadamente,
ha sido el modelo educativo dominante. Por tanto, es comprensible que se hable
de internet en términos de la inevitabilidad del cambio educativo, su
transformación y la «disrupción» generalizada de los modelos de enseñanza del
siglo XX. Tal y como escribió Jeff Jarvis (2009: 210), conocido experto en
tecnologías, en un elogiado trabajo sobre la importancia de internet en la
sociedad: «La educación es una de las instituciones que más necesita una
disrupción, algo que traerá consigo excelentes oportunidades». Atrevidas
declaraciones como esta se escuchan actualmente con una frecuencia y convicción
tales que ya casi nadie duda de que la disrupción digital de la educación está
próxima. Por eso muchas personas ya no se preguntan si internet va a reinventar
la educación por completo, sino cuándo lo hará.
Principales modalidades
educativas basadas en el uso de internet
Dado lo insistente de
estas predicciones acerca de lo que va a suceder, tal vez sea buena idea mirar
atrás y hacer un repaso de lo que ya ha sucedido en realidad con internet y la
educación. Como se indicaba al principio de este artículo, a la vista de estas
ambiciosas reivindicaciones de transformación y disrupción, es importante
preguntarse cómo se está sacando provecho real del potencial educativo de
internet. En este sentido hay que reconocer que internet se lleva usando hace
tiempo para fines educativos, y que durante los últimos 20 años han surgido una
serie de modelos destacados de educación basada en internet. Quizás el más
difundido esté constituido por las diversas formas de lo que se ha dado en
llamar e-learning, y que abarca desde cursos online hasta aulas e incluso
escuelas virtuales. Muchos de los primeros ejemplos de e-learning consistían
básicamente en suministrar contenidos de manera unidireccional y, por lo tanto,
eran una réplica de las formas epistolares tradicionales de la educación a
distancia. Estos programas (que aún existen) suelen depender de sistemas de
gestión de contenidos online, aunque con el apoyo de algún tipo de interacción
en forma de correos electrónicos, tablones de anuncios virtuales y otros sistemas
de comunicaciones. Junto a estas formas de transmisión de contenidos se da un
desarrollo constante de las llamadas «aulas virtuales», por lo común
representaciones espaciales de aulas o salas de conferencias que pueden ser
habitadas por alumnos y profesores. A menudo estos espacios virtuales han sido
diseñados para alojar formas sincrónicas de instrucción y respuesta en vivo, en
las que el estudiante puede escuchar clases, ver vídeos y presentaciones
visuales y también interactuar con otros alumnos mediante texto y voz. Existen
otras modalidades asincrónicas de aula virtual en forma de espacios digitales
que permiten acceder a recursos tales como grabaciones de audio y
transcripciones de textos de clases, lecturas complementarias y foros de
discusión. Estas formas de e-learning se vienen desarrollando desde la década
de 1990 y actualmente ya hay ciberescuelas y universidades online que
constituyen elementos consolidados dentro de los sistemas educativos en todo el
mundo.
Mientras que estos
modelos de e-learning suelen reproducir la estructura y los procedimientos
básicos de las escuelas y universidades físicas, en los últimos 20 años ha
surgido toda una variedad de otros modelos de educación por internet. Una de
las formas más conocidas de educación online es la creación abierta y colectiva
de información y conocimientos. El mejor ejemplo de esto es la enciclopedia
online Wikipedia. A pesar del continuo debate sobre su fiabilidad y alcance,
Wikipedia tiene una importancia considerable en la educación. Aparte de dar
acceso a una enorme cantidad de información, la posibilidad de que el usuario
aporte contenidos y perfeccione los existentes convierte las herramientas Wiki,
como Wikipedia, en importantes recursos educativos. Actualmente se está
imponiendo entre muchos educadores la idea de que aplicaciones populares
controladas por el usuario, como Wikipedia, permiten a los individuos
participar en actividades de aprendizaje sin precedentes que son constructivas
personalmente y significativas desde el punto de vista público. Como explica
John Willinsky (2009: xiii):
Hoy en día un
estudiante que hace una mínima corrección a un capítulo de Wikipedia está
contribuyendo más y en cuestión de minutos al avance del conocimiento público
de lo que yo hubiera podido hacerlo en el curso de toda mi carrera
universitaria.
Estas características
de las herramientas Wiki se corresponden con el movimiento más amplio de
recursos educativos abiertos, que busca hacer accesibles online y de manera
gratuita materiales educativos desarrollados por profesionales. Así, por
ejemplo, se estima que casi el 80% de los cursos que se imparten en el
Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) están disponibles en este soporte
gratuito. Iniciativas similares se pueden encontrar en instituciones que van
desde universidades de prestigio internacional, como Yale y Oxford, hasta
centros de enseñanza superior locales. En todos estos casos, el material
didáctico, como notas de seminarios, podcasts y vídeos de las clases se
comparte online con estudiantes de todo el mundo, la mayoría de los cuales no
podría asistir a clases presenciales. En esencia (como con la Wikipedia), en
los recursos educativos abiertos el énfasis no se pone solo en el acceso a los
materiales, sino en animar a los usuarios a que alteren y modifiquen dichos
recursos cuando lo consideren necesario. Por ejemplo, el ambicioso proyecto
OpenLearn de la Open University del Reino Unido proporciona acceso gratuito
online a la totalidad del material didáctico de la institución e invita a los
usuarios particulares a adaptarlo si así lo desean.
La libre difusión de
contenidos educativos creados por individuos y también por instituciones es
otra manera de compartir conocimientos online. Así, por ejemplo, el servicio
YouTube.Edu ofrece acceso a millones de vídeos educativos producidos por
educadores y estudiantes particulares. De modo similar, la colección de medios
educativos de Apple Computers, la llamada iTunes-U, está diseñada para que los
estudiantes no necesiten asistir a clases como en la educación tradicional y,
en cambio, accedan a un aprendizaje móvil, libre y bajo demanda (ver Çelik et
al., 2012). iTunes-U, que se describe a sí misma como «posiblemente la mayor
colección mundial de medios educativos libres disponible para estudiantes,
profesores y alumnos de formación continua», ofrece libre acceso a cientos de
miles depodcasts con contenidos educativos en soporte audio y vídeo. Más
recientemente, ha sido muy elogiado el acceso online de la Khan Academy a miles
de vídeos educativos a medida, test y evaluaciones interactivas que abarcan una
gran variedad de temas y áreas de conocimiento. El objetivo de la Khan Academy
es proporcionar las herramientas a individuos para que aprendan a su propio
ritmo y para que puedan repasar los contenidos cuantas veces quieran. Este
modelo, denominado «aula invertida», está pensado para que los individuos
puedan familiarizarse con los elementos de la instrucción antes de asistir a
una clase formal. De este modo, las clases presenciales se podrán dedicar a la
aplicación práctica de los conocimientos mediante resolución de problemas,
trabajos de investigación y aprendizaje basado en proyectos y experimentación
(ver Khan, 2012).
Otro ejemplo notable
de educación abierta basada en internet ha sido el desarrollo, durante los
últimos cinco años más o menos, de los Mooc (Massive open online course, esto
es, cursos masivos online abiertos). Ahora mismo, especialmente gracias al
éxito de iniciativas a gran escala como Coursera y Ed-X, los MOOC consisten en
impartir cursos online gratuitos y con contacto directo a un gran público. La
idea central del modelo MOOC es estimular a los individuos a que aprendan
usando herramientas online de su propia elección, un sistema que se ha
denominado «redes de aprendizaje personal». Los resultados colectivos de dicha
elección pueden ser luego recopilados por los coordinadores de los cursos y
compartidos con otros estudiantes. Este énfasis en el aprendizaje mediante el
descubrimiento por iniciativa propia se ha revelado especialmente apropiado
para la enseñanza universitaria. En la actualidad, individuos de todas las
edades pueden participar en cursos masivos online dirigidos por profesores de
centros universitarios tan prestigiosos como Stanford, MIT y Harvard. Los
ejemplos son variados y van desde la asignatura optativa de Yale, Arquitectura
Romana hasta el curso oficial de Harvard de Fundamentos de Neurociencia.
Iniciativas como
Hole-in-the-Wall (Agujero en la Pared) y School in the Cloud (Escuela en la
Nube) constituyen otra aplicación radical de internet como soporte de un
aprendizaje autodirigido y no institucional. Estos programas giran en torno al
concepto de «educación mínimamente invasiva», en la que niños y jóvenes puedan
acceder en cualquier momento a la tecnología digital y aprender a usar el
ordenador e internet a su propio ritmo. La filosofía original que inspiró el
programa Hole-in-the-Wall era llevar internet a puntos que Arora (2010: 691)
denomina «lugares apartados y olvidados», en vez de a escenarios más formales,
como escuelas o universidades. De hecho, la concepción ética de una educación
mínimamente invasiva es declaradamente no institucional y prevé que los niños
participen usando internet como herramienta educativa «gratuita y sin
supervisión» (Mitra, 2010). Esta concepción se considera idónea para
destinatarios como las comunidades más pobres de India y Camboya que, de otro
modo, no tendrían acceso a internet. Por su parte, la reciente iniciativa de
School in the Cloud supone un intento de utilizar las herramientas de comunicación
online de manera que individuos de países de renta elevada actúen de mentores y
mediadores «eruditos pero cercanos» de jóvenes estudiantes de países de nivel
de renta menor. El hecho de brindar este acceso y apoyo se considera el eje
central de lo que el equipo del proyecto denomina «entornos de aprendizaje
autoorganizado» y «aprendizaje autoactivado». Se trata de ofrecer una
alternativa a «quienes no pueden acceder a la escolarización formal» en países
pobres (Arora, 2010: 700).
Estos programas, proyectos
e iniciativas dan idea de la diversidad de vías por las que educación e
internet se han ido fusionando a lo largo de los últimos 20 años. Aunque tal
vez las formas más habituales de educación por internet son las del aprendizaje
totalmente informal que trae consigo su uso diario. En este sentido, se podría
considerar que el mayor impacto de internet en la educación se produce a través
de su apoyo implícito a las diversas formas de «aprendizaje informal» (Ünlüsoy
et al.: en prensa). Como ha descrito la antropóloga cultural Mimi Ito, existen
varias modalidades de uso diario de internet de las que podría decirse que
comportan elementos de aprendizaje (Ito et al., 2009). A un nivel básico, está
la costumbre popular de usar internet solo para pasar el rato con otras
personas. A menudo estas formas de pasar el rato pueden derivar hacia
situaciones más intencionadas, que Ito denomina «entretenerse con algo», es
decir, actividades motivadas por un interés y más centradas en socializar con
personas afines, lo que frecuentemente implica búsquedas fortuitas,
experimentación y jugar con recursos. Esta forma de entretenerse con algo puede
conducir a un compromiso más intenso, que Ito llama «compartir el entusiasmo
por alguna cosa». Se trata de sesiones con participación concentrada e
intensiva dentro de comunidades concretas de individuos de gustos, ideas e
intereses similares movidos por una afición común y a menudo muy especializada.
Dado que facilita todas estas formas de aprendizaje, este uso diario de internet
puede considerarse una actividad intrínsecamente educativa.
La realidad de internet y la
educación
Estos ejemplos y
muchos otros similares se ven hoy como una prueba de la creciente aportación de
internet a lo que significa aprender y recibir educación en el siglo XXI.
Evidentemente, iniciativas como los MOOC, las aulas invertidas y el aprendizaje
autoorganizado bien podrían resultar ser los desencadenantes del «cambio del
estado de la educación» (Oblinger, 2012). No obstante, la historia de la tecnología
educativa de los últimos 100 años nos enseña que un cambio rara vez es tan
instantáneo o tan extensivo como a muchas personas les gustaría creer. De
hecho, la historia de las tecnologías educativas modernas (empezando por el
decidido apoyo de Thomas Edison a las películas educativas en la década de
1910) se ha caracterizado en líneas generales por una serie de complejas
relaciones entre educación y tecnología en las que ambas se condicionan
mutuamente (Cuban, 1986). En otras palabras, las nuevas tecnologías rara vez
tienen un impacto directo y unívoco o un efecto predecible sobre la educación.
Si bien, las culturas y tradiciones educativas establecidas tienen una profunda
influencia en las tecnologías. Como ya apuntara el historiador Larry Cuban
(1993: 185) acerca de la notable adaptación de las escuelas a las sucesivas
oleadas de avances tecnológicos de las décadas de 1980 y 1990, en el encuentro
entre «el ordenador y el aula, el aula gana». Al preguntarnos cómo está
influyendo internet en los modelos de educación en la década de 2010, también
tenemos que hacernos la pregunta inversa, a saber: cómo está influyendo la
educación en internet.
Desde esta
perspectiva no sorprende observar que las modalidades más exitosas de educación
por internet y de e-learning son las que reflejan o incluso replican los
sistemas preinternet: aulas, clases libros, etcétera. Tampoco sorprende que la
muy arraigada gramática de la educación formal y sus instituciones tenga una
gran presencia en las formas emergentes de educación por internet (Tyack y
Cuban, 1995). Tomemos como ejemplo la persistencia de métodos bien conocidos,
como la división de los conocimientos en áreas temáticas, la evaluación
individual o las consultas a profesores expertos. Aunque esta continuidad sea
comprensible, contradice claramente a quienes reivindican la transformación
radical y la disrupción del statu quo educativo. Así pues, en contraste con el
celo revolucionario de algunos analistas, podría señalarse que internet tiene
mayor impacto en la educación cuando no genera patrones de participación o práctica
unos radicalmente nuevos. Por ejemplo, el reciente auge de los MOOC en países
como Estados Unidos y Reino Unido, en lugar de hacer llegar oportunidades de
educación a aquellos que no las tienen, parece en cambio estar facilitando el
acceso a más medios educativos a individuos con recursos, altamente motivados y
con una buena preparación (replicando de este modo una tendencia que algunos
sociólogos llaman el «efecto Mateo»). No quiere decir esto que los MOOC sean
una modalidad insignificante de educación, a pesar de que todo apunta a que su
principal impacto es intensificar antes que ampliar la participación educativa.
De hecho, desde esta óptica, las supuestas propiedades transformadoras y de
cambio social radicales que se atribuyen a los MOOC (y a otras formas de
educación por internet) habrían de acogerse con suma cautela.
Esto lleva cualquier
intento de predecir la posible influencia de internet sobre futuras formas de
educación a un terreno incierto. Desde luego no es inteligente adoptar la
postura directamente cínica de que la educación por internet no ofrece nada
nuevo (es decir, que los efectos educativos de internet no son más que «vino
viejo en odres nuevos»). Pero sería igualmente erróneo suponer que cualquiera
de los ejemplos vistos hasta ahora en este artículo sea el preludio de un
cambio fundamental en la educación. Desde luego que internet está asociada con
cambios educativos, aunque dichos cambios sean complejos, contradictorios, enrevesados
y claramente caóticos.
A este respecto, a la
hora de analizar la relación entre internet y educación quizá sea más relevante
recalcar los aspectos puramente sociológicos por encima de los técnicos.
Y es que internet
plantea una serie de preguntas ideológicas (en lugar de dar respuestas
puramente técnicas) acerca de educación en el futuro próximo. Por eso, ahora,
debemos apartarnos del optimismo que impregna casi todo el diálogo sobre la
educación por internet. En lugar de ello nos centraremos en las numerosas
implicaciones sociales, culturales y políticas que no siempre se reconocen,
pero que también merecen nuestra atención
1. Internet y la creciente individualización
de la educación
En primer lugar, está
la manera en que la educación por internet promueve una individualización
implícita de la práctica y la acción. Muchos pedagogos valoran especialmente
que internet aumente la responsabilidad de los individuos a la hora de elegir
opciones en materia educativa y asumir las consecuencias de su elección. Todas
las formas de educación por internet reseñadas en este artículo exigen al
individuo un alto grado de autonomía, y en ellas el éxito educativo dependerá
sobre todo de la capacidad para gestionar su compromiso progresivo con el
aprendizaje a través de los medios que elija. Por lo general, se supone que
esto actúa a favor del individuo y en detrimento de las instituciones. Pero la
idea del estudiante responsable y autónomo se basa en el supuesto, nada realista,
de que todos los individuos tienen la capacidad de actuar de un modo agéntico y
autónomo en su vida diaria. En términos de Bauman (2001), el estudiante
competente online es alguien capaz de actuar como un individuo con todo el
poder de hecho y no solo de derecho (es decir, alguien a quien sencillamente se
le supone el individualismo). Claramente solo una minoría privilegiada de
personas es capaz de actuar de un modo por completo autónomo. Esta
individualización de la acción en sí acabará convirtiendo la educación en un
área de mayor riesgo, pero también de oportunidades.
Estos aspectos
plantean una serie de preguntas importantes. Por ejemplo, ¿qué igualdad real
hay entre los individuos a la hora de tomar una decisión educativa entre las
opciones que ofrece internet? ¿Por qué las aparentes libertades educativas de
internet se traducen en importantes pérdidas de libertad (como la
intensificación del trabajo educativo y su expansión al ámbito doméstico)? ¿En
qué medida las formas personalizadas de educación por internet se están
limitando a facilitar la personalización masiva de unos servicios y contenidos
educativos homogéneos? ¿Cuál es la naturaleza de las formas colectivas de
educación por internet? ¿Qué tienen de particular las comunidades de estudiantes
de internet en cuanto a diversidad social, compromiso o solidaridad? ¿Está
internet debilitando o incluso erosionando la noción de la educación como un
bien público?
2. Internet y el desarrollo de
la educación basada en datos
Otro aspecto
importante a la creciente presencia de internet en la educación es la manera en
que los datos y la información online definen, y al mismo tiempo describen, la
vida social. Internet ha reforzado la importancia de bases de datos, minería de
datos, analíticas y algoritmos, con lo que cada vez más organizaciones e
instituciones funcionan mediante la continua recopilación, agregación y
(re)análisis de datos. En esencia, internet permite que este trabajo de datos
se desarrolle a gran escala y de forma acumulativa. Existe la convicción de que
vivimos en la era de los big data, en la que los sistemas informáticos ponen a
nuestra disposición «cantidades ingentes de información producida por y acerca
de las personas, las cosas y sus interacciones» (Boyd y Crawford, 2012: 662).
La recopilación y el
análisis de datos online son en este momento claves en la manera en que se
estructuran las acciones y se toman decisiones en muchas áreas de la educación.
Por ejemplo, se están generando, recopilando y acumulando enormes cantidades de
datos online como consecuencia de actividades en internet dentro de
instituciones educativas. Estas van desde el seguimiento interno o in-house de
las condiciones del sistema a la recopilación pública de datos a escala local,
estatal y federal. Los datos así obtenidos sirven a variedad de propósitos,
entre ellos la administración interna de los cursos, la fijación de objetivos,
la gestión del rendimiento y el seguimiento de alumnos. Existen procesos y
prácticas similares en el uso de datos entre diferentes sistemas de educación,
desde bases de datos de alumnos hasta clasificaciones por resultados
académicos. Por supuesto que la relevancia creciente de los datos online ofrece
muchas ventajas y últimamente se detecta gran entusiasmo acerca del potencial
de la «analítica del aprendizaje», es decir, de la «medición, recopilación,
análisis y comunicación de datos acerca de los alumnos y sus contextos con el
fin de entender y optimizar el aprendizaje y el entorno en que se produce»
(Siemens et al., 2011: 4). Al mismo tiempo, cada vez se habla más de minería de
datos de educación y analítica académica. Se cree que todo este uso de datos
digitales conducirá a procesos educativos más eficientes y transparentes,
además de dar soporte al autoseguimiento y la autodiagnosis del aprendizaje por
parte de los interesados (Eynon, 2013).
No obstante, hemos de
ser cautos acerca de las posibles ventajas y, en particular, acerca del papel
que desempeña la creciente prevalencia de datos online en la educación a la
hora de definir lo que la gente puede y no puede hacer. Por ejemplo, ¿cómo
están representados los individuos y su aprendizaje en los datos recogidos el
línea? ¿Cómo facilita internet la conexión, la acumulación y el uso de estos
datos de formas que antes no eran posibles? ¿En qué medida determinan los
perfiles de datos las elecciones educativas de los individuos? ¿Cómo se usan
estos datos online en acciones de supervisión predictiva, en las que educadores
e instituciones se basan en datos de rendimiento y comportamiento existentes
para informar sobre expectativas de futuras conductas? ¿Qué aspectos de la
actividad educativa no están representados en los datos online que se recopilan
y analizan?
3. Internet y la creciente
comercialización y privatización de la educación
En tercer lugar es
necesario reconocer el papel de los agentes comerciales y privados en la
expansión de la educación por internet. De hecho, el sector privado es clave en
muchas de las formas de educación por internet descritas en este artículo. Por
ejemplo, se estima que el mercado global de educación y tecnología asciende a
siete billones de dólares, y la inversión de capital privado en educación
online no deja de crecer. Una serie de conglomerados comerciales
multinacionales, como Pearson, Cengage y McGraw-Hill tienen una fuerte
participación en el negocio del e-learning y en sitios de enseñanza y formación
online, en competencia con innumerables operadores más pequeños y toda una gama
de organizaciones sin ánimo de lucro. Es evidente que la educación por internet
marca un claro alejamiento respecto al modelo de economía planificada en el que
la educación es impartida en gran medida por instituciones públicas de gestión
estatal (Picciano y Spring, 2013).
Claro que la
creciente presencia de intereses comerciales en la educación online ofrece
numerosas ventajas potenciales, ya que el sector privado tiene la capacidad de
invertir considerables recursos tecnológicos y humanos en el terreno de la
educación. Suele creerse que la formación impartida por organizaciones
comerciales responde mejor a las demandas de sus clientes, ya sean estas las
preferencias inmediatas de los alumnos o la demanda laboral que se prevé para
los negocios y la industria. Además, como opinan Chubb y Moe (2012), la competencia
entre los sectores privado y público de la educación puede ser beneficiosa:
«con el tiempo [las organizaciones comerciales] pueden conseguir cosas
sorprendentes a través de la instrucción informatizada. Basta imaginar agentes
similares a Apple o Microsoft con los incentivos adecuados para trabajar en
educación superior. También pueden ofrecer una sana competencia a las élites
sin ánimo de lucro en la oferta de contenidos innovadores y de alta calidad».
De hecho, el reclamo que esgrimen muchas de las formas de educación por
internet descritas en este capítulo es el uso de la innovación propia del
sector privado para contrarrestar las deficiencias de la educación pública.
Como recientemente argumentaba Sebastian Thrun (el ingeniero informático a quien
se atribuye la popularización del concepto MOOC): «La educación está rota.
Aceptémoslo […], está rota por tantos sitios que necesita un poco de magia de
Silicon Valley» (en Wolfson, 2013).
Sin perjuicio de las
bondades de la innovación comercial y la magia, hay toda una serie de razones
para cuestionar la creciente influencia de la empresa privada en la
configuración de los planes de estudio. Por ejemplo, ¿hasta qué punto los
fabricantes y distribuidores de tecnología informática están comprometidos con
el bien de la tecnología de la educación más allá de la búsqueda de beneficios
y de cuota de mercado? Dado que la educación es un criterio fundamental para
determinar las oportunidades de prosperar de los miembros más vulnerables de la
sociedad, ¿sería apropiada una visión capitalista a lo Silicon Valley, con
emprendimientos de alto riesgo y elevadas expectativas de fracaso? ¿Cuáles son
las implicaciones morales y éticas de reconfigurar la educación en función de
la dirección del mercado y los valores comerciales? ¿Por qué las necesidades de
la educación deben corresponderse automáticamente con las de la economía
digital?
4. Internet y el cambio de
valores en la educación
Para terminar, aunque
quizá resulte menos evidente, existe la sensación de que internet podría estar
alterando las bases psicológicas, emocionales y espirituales de la educación.
Por ejemplo, muchas de las formas de educación online aquí comentadas implican
una mayor presencia de la educación en áreas de la sociedad y la vida social en
las que antes no estaba. Esto supone un estado siempre activado de potencial
actividad educativa. De hecho, la disponibilidad en cualquier momento, en
cualquier lugar de la educación online implica un claro desplazamiento de la
educación hacia entornos domésticos, laborales y comunitarios en los que
educación y aprendizaje podían antes no tener tanta presencia. Existe un claro
paralelismo con lo que Basil Bernstein (2001) identificaba como «la
pedagogización de la sociedad», es decir, una sociedad moderna que garantice
que la pedagogía esté integrada en todas las esferas posibles de la vida. Esto
nos lleva a la pregunta ¿qué se pierde cuando alguien puede participar en una
actividad educativa en cualquier momento del día y en cualquier contexto? ¿Es
importante poder desconectarse cuando se quiere de las presiones de la
educación? ¿Existen contextos y circunstancias más aptos para el aprendizaje
que otros?
También podemos
afirmar que muchas de las formas de educación online descritas en este artículo
convierten la educación (a menudo de forma involuntaria) en una empresa
competitiva. En lugar de facilitar que los individuos aprendan juntos y en
armonía, parecería que internet sitúa a los individuos en «ciclos formativos
personales, inmersos al unísono en bucles individuales de acción y respuesta.
Aprenden a ser estudiantes industriosos y autoexigentes que aceptan e
implementan objetivos impuestos desde fuera» (Allen, 2011: 378). Aunque la
filosofía de triunfar a expensas de los demás no resulte de inmediato aparente,
internet sí puede considerarse como un medio de concretar, enmascarar e
intensificar las connotaciones competitivas intrínsecas que tiene el
aprendizaje. En esta línea de pensamiento, la naturaleza parcial, segmentada,
basada en tareas, fragmentada y discontinua de la educación online tal vez
pueda verse incluso como una forma de «enajenación espiritual», es decir,
enajenación a nivel de significado, donde las «condiciones de trabajo bien
hecho» se desgajan de las «condiciones de buena disposición» (Sennett, 2012).
Todo lo anterior
guarda también relación con las correspondencias entre internet y la alteración
de los aspectos emocionales en el esfuerzo educativo. En concreto podríamos
decir que en muchas de las formas de educación por internet aquí descritas (como
la escuela virtual o las MOOC), el aprendizaje se experimenta en un entorno
menos inmediato, menos íntimo y tal vez más instrumental. Estos aspectos
quedaban analizados en las recientes reflexiones de Jonathan Wolff (2013) sobre
lo que puede perderse cuando una clase universitaria se da online en lugar de
en un aula física. Aunque las pérdidas suelen ser difíciles de cuantificar,
Wolff nos habla de cualidades como la inmediatez, la capacidad de sorpresa y la
«autencicidad» de la «experiencia en vivo» que supone aprender en compañía de
otras personas. Desde luego, la sensación virtual y remota de la enseñanza
online es cuantitativamente distinta de la del aprendizaje presencial, en lo
bueno y en lo malo.
Conclusiones
Estemos o no de
acuerdo con los últimos puntos expuestos, resulta evidente que el tema internet
y educación exige un análisis prudente. La retórica predominantemente optimista
de transformación y cambio que en la actualidad envuelve la relación entre
internet y educación desvía la atención de numerosos e importantes conflictos y
tensiones que requieren aceptarse y abordarse. No quiero decir con esto que
debamos adoptar una posición del todo antagónica o pesimista. De hecho, muchos
de los problemas mencionados no tienen por qué ser causa automática de
preocupación. Después de todo, para muchas personas será positivo beneficiarse
de formas de educación más individualizadas, elitistas, competitivas,
orientadas al mercado, omnipresentes y despojadas del elemento emocional. Es
evidente que internet funciona para los millones de personas que en este mismo
momento estudian online.
Pero aunque internet
permite que algunos individuos accedan a formas de educación más cómodas,
atractivas y útiles, hay que admitir que no se trata de una situación extendida.
Todo cambio en educación generado por internet viene acompañado de una variedad
de consecuencias indeseadas, efectos colaterales y repercusiones imprevistas.
Tal vez la más importante sea la tendencia ya probada de la tecnología digital
a reforzar los patrones de educación existentes, ayudando a individuos que ya
están iniciados a participar más, pero contribuyendo escasamente a ampliar la
participación o a recuperar a quienes han desistido de seguir estudiando. Toda
discusión sobre el potencial educativo de internet debe tener en cuenta la
utilidad limitada de un enfoque técnico para entender la educación
contemporánea. Internet no debe considerarse la solución idónea a las
deficiencias obvias de las instituciones o las prácticas educativas del siglo
XX, ya que no produce automáticamente estudiantes más comprometidos o más
motivados, fuerzas laborales más cualificadas o cotas superiores de
inteligencia e innovación en un país. Al contrario, es muy posible que muchos
de los males que aquejan a la educación contemporánea sean de índole social y
cultural principalmente, y por lo tanto requieran respuestas sociales y
culturales.
Así pues, aunque todo
apunta a un uso cada vez más intensivo de internet en la educación, las
proclamaciones de cambio y mejora han de considerarse asuntos conflictivos y a
debatir, más que tendencias inevitables a las que los educadores no tienen más
remedio que adaptarse. Por insistir en un punto clave presente en toda esta
exposición, en todas las cuestiones tratadas subyace la pregunta de en qué tipo
de educación creemos para el futuro. La función de internet en la mejora,
transformación o incluso disrupción de la educación es un asunto muy complejo y
con una gran carga ideológica que va más allá de consideraciones estrictamente
técnicas, como personalizar el acceso a contenidos educativos o facilitar la
producción y el consumo de contenidos online. El futuro de la educación podrá
sin duda pasar por un uso cada vez mayor de internet, pero no estará
determinado por él.
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